jueves, 30 de abril de 2009

Alto cine



Debe ser la película que más dan en el cable, cabeza a cabeza con Bridget Jones. Fox, Sony, Cosmo, tnt, con subtítulos, doblada, de trasnoche, a las 3 de la tarde. Es la que te engancha todas las veces. La bella y graciosa Polly con el bueno e ingenuote Reuben hacen una parejita simpática y dulce que cumple lo poco que promete. No está nada mal, Mi novia Polly, para hacer compañía (incluso en mute) en noches frías y algo melancólicas como ésta. En una de ésas, con suerte, en un rato engancho Notting Hill.

sábado, 25 de abril de 2009

Una noche de suerte

Mientras cruzaba la entrada, pensó que el traje ya le quedaba chico. La camisa demasiado ajustada, parezco un puto, pensó. La había comprado en Los Angeles hacía apenas un par de meses, pero seguramente tanto gimnasio lo había puesto demasiado fuerte. Pagó la entrada con un billete de cien y empezó a caminar mirando entre las mesas. Las mujeres lo miraban con ganas, había unas cuantas que estaban buenas. Incluso muy buenas. Se sorprendió porque se había imaginado que en el casino de Tigre solo había viejas gordas de San Isidro. Pero no. Las chicas le miraban el pelo, las manos, la cola, ese pantalón se Armani sí que había sido una buena compra.
El iphone empezó a vibrarle en el bolsillo del pantalón cuando se sentó en la mesa de blackjack. Estaba solo y del otro lado de la mesa había una mujer de traje y moñito rojo. Qué grasada, pensó. Pidió una carta y después otra. Parecía que iba a tener una buena noche. Jugó un buen rato y acumuló tantas fichas que a la mina de moñito se le salían los ojos. Miró su Rolex, ya eran casi las diez. Juntó lo que tenía y se fue con eso a la ruleta. No dudó un instante: apostó un pleno al 3. Colorado el 3. Colorado el 12. Colorado el 23. Uno tras otros fueron saliendo sus números. La gente alrededor empezó a rodear la mesa para verlo, mientras gritaban y aplaudían. Se quedaron ahí hasta verlo ganar el millón.
Un tipo de traje berreta se le acercó, le pidió que lo acompañase y le agarró sus fichas. Él accedió mientras se acomodaba el saco y se pasaba las manos por los zapatos, gracias al tumulto ese ahora había quedado todo desprolijo. Fue hasta la oficina caminando tranquilo. Ahí lo esperaban los jerarcas con cara de culo, quién les iba a decir que esa noche los iban a dejar con un palo menos. Cuando empezaron a contar las fichas, él les revoleó su tarjeta y salió de la oficina sin decir una palabra.
Atravesó el salón hacia la calle mientras sentía las miradas de las chicas lindas, y ahora también de unas cuantas maduritas calentonas. Llegó a la salida. Las luces del parque de diversiones de al lado hacían que el estacionamiento pareciera un decorado navideño. Se subió al Audi y prendió la calefacción. No se cansaba de mirar el cuero color beige de los asientos, era impecable. Arrancó despacio y encaró para la Panamericana. El A4 aceleraba enseguida, en pocos minutos iba a 140 y ya se divisaba la General Paz.
Paró el auto justo en la puerta del edificio. Ayacucho 2188, casi esquina Libertador. Había justo un espacio. No se podía estacionar ahí. Apagó el motor. Chequeó que las puertas estuvieran bien trabadas. El iphone empezó a vibrar de nuevo. Sacó del bolsillo del saco el frasquito y se fue tragando las pastillas de a una, sin agua. Apretó un botón del tablero y el asiento de cuero beige se reclinó por completo. Impecable.

Int. Milonga Noche

Salgo porque mi amiga insiste.
Tuve un día pésimo y el mal humor no se detiene.
Llego, la nueva amiga de mi amiga no para de hablarme.
Me pongo celosa.
El vino está feo.
El tostado está frío y el queso ni se derritió.
Empieza a tocar una banda.
El cantante es amigo, pero no nos hablamos hace meses.
No sé para qué vine a verlo.
De pronto, flash.
No es la chica del bikini azul.
Es el tipo de chomba negra.
Después de cuatro años.
El fantasma se materializó.
Tiene la misma cara y el mismo cuerpo.
Se ríe, me abraza.
Como si nada.
Me tiemblan las piernas y la taquicardia es violenta.
Charla. Recuerdos. Miradas.
Ponerse al día.
Risas.
Ya estoy tranquila.
No entiendo demasiado.
Lo único que sé es que me siento aliviada.
Todavía no terminó…

sábado, 18 de abril de 2009

La cura

Me enteré ayer a la tarde. Tengo el mal de Alperovich. El cuerpo se me fue llenando de manchas violáceas, con formas geométricas perfectas. Triángulos, círculos, rectángulos, y hasta un par de hexágonos. Al principio eran pocos, dos o tres, pero se fueron multiplicando y ahora los tengo por todo el cuerpo y la cara.
Ayer el doctor Panucci me dijo que no tiene cura. Que es progresivo, hasta volverse crónico. Con suerte vas a tener tantas manchas que ni se va a notar la diferencia, me dijo. Me costó levantarme de la silla del consultorio para salir. Era la peor noticia de mi vida. Qué iba a hacer ahora, con la cara así no podía ni salir a la calle.
Cuando estaba saliendo y me despedía del doctor, me dio la mano con mucha fuerza, y me retuvo. Empezó a mirar para todos lados, asustado, y me habló muy bajito, como en secreto.
—Hay una alternativa— me dijo.
Seguía susurrando.
—Los grillos curativos. Los grillos curativos.
—¿Qué?—lo dije gritando y de repente me dio miedo.
—Eso. Grillos. Que curan. Se apoyan sobre las manchas y se quedan ahí quietos—hizo una pausa, seguía girando los ojos por todo el consultorio.—Por supuesto que vos tampoco te podés mover.
Yo empezaba a sentirme esperanzada.
—Así, en cuatro o cinco días como mucho se te cura todo.
Empecé a hablar de la misma manera que él.
—Me tiene que decir dónde los puedo conseguir, doctor. Me quedo quieta todo el tiempo que haga falta.
Sacó la billetera de su bolsillo y revolvió entre un montón de tarjetas y papelitos. En todo eso apareció un pedazo de papel madera todo doblado. Me lo mostró, tenía un número de teléfono anotado a mano.
—Acordate este número—me dijo.—Alberto. Llamalo sin falta mañana entre las once y las once y cuarto. Él te va a decir lo que tenés que hacer.
Memoricé el teléfono y salí de ahí repitiéndolo. Caminé hasta el colectivo hablando sola en voz baja, quince cinco cuatro dos dos tres uno cero siete.
Hoy me levanté temprano, como a las seis. Desde entonces estoy sentada junto al teléfono, esperando que se hagan las once.

Servicio especial

—¿Cuánto hace que lo tiene?—preguntó el fumigador.
—Dos años, más o menos—le respondí. Pero al principio muy de vez en cuando, era algo esporádico. Ahora es casi permanente.
—¿Es en todos los ambientes?
Asentí con la cabeza. El fumigador recorría el departamento a medida que me interrogaba, y yo lo seguía de cerca. Tenía puesta una camisa blanca y naranja, y en la espalda se leía en letras mayúsculas FUMIMASTER.
—¿Y en qué momento del día sale? ¿De noche? ¿Antes de que usted se vaya a trabajar?
—Depende—le dije, alterada. Puede ser en cualquier momento.
Por supuesto, yo sabía que ahora no iba a aparecer, lógico, no tenía ni un pelo de tonto.
—Ahora que usted está acá, difícil—le dije.
Y claro. Era más o menos lo mismo que llamar al técnico de la computadora solo para ver cómo la máquina anda perfecto cuando el tipo llega. Acá estaba yo, con el mejor fumigador de todo Capital y Gran Buenos Aires, y por supuesto mi departamento parecía libre de toda plaga.
—Si hay otra gente, amigos, familiares suyos, ¿sale? —el interrogatorio no había terminado todavía.
—Mmmm, puede ser, a veces sí, pero ellos no se dan cuenta. Es conmigo la cosa.
—Bueno, mire, vamos a ver qué se puede hacer. Esto sería un servicio adicional, digamos, algo extraordinario, ¿vio? Tengo que ir a la oficina y pasarle bien el presupuesto.
Me parecía bien. Lo único que quería era que me resolviera el problema.
—Hay que pensar que vamos a ser varios, necesitamos equipamiento especial, combinar procedimientos… Calcúlele por lo menos setecientos pesos.
Me sorprendió un poco el número, esperaba que fuese caro, pero no tanto.
—Bueno. Está bien—le dije. Páseme el presupuesto cuanto antes y lo hacemos.

El fumigador se fue y yo me senté a hacer cuentas. Si sacaba algo de los ahorros y pedía prestado unos trescientos pesos, llegaba.
Al fin de cuentas, lo más importante era liberarme del fantasma.

martes, 14 de abril de 2009

Why, God?!?!

Por suerte no son 30. Pero casi como si lo fueran… Así y todo soy una optimista incorregible y tiendo a pensar que el día de mi cumpleaños es un buen día. A pesar de todo lo que me falta y me hace falta. A pesar de lo que quería y no se dio (que no logré). Una vez un analista me dijo que yo era una persona “que anhelaba todo el tiempo”. Qué palabra rara anhelar, así con la h en el medio y con lo extraña que suena cuando se la conjuga. Nadie la usa. Pero sí, yo anhelo muchas cosas. Eso me hace bien. Creo que en verdad soy de las que ven el vaso medio lleno. Y eso que estoy sola. Y un poco neurótica. El trabajo que quiero nunca llega. Y los fantasmas acechan desde lejos (y desde cerca). Y cuando algo está bien, es complicado. O imposible. Todos los planes se van yendo de foco.

Pensándolo bien, y aunque no sean 30, no me queda más que sumarme al grito de Joey.



Con subtítulos en árabe!!!

domingo, 12 de abril de 2009

Joven argentina:

Si eres joven, rubia natural, adinerada y bella, puedes convertirte ya mismo en consultora en Recursos Humanos. Solo recuerda:
- debes estar casada o estar de novia para casarte (en cualquier caso, no debe faltar un impactante anillo en el anular de tu mano izquierda)
- deber vestir únicamente prendas en tonos pastel (tonos tierra también serán permitidos), de las siguientes marcas: Zara, Paula Cahen D’Anvers, Vitamina, Ayres, Portsaid, Yagmour.
- debes hablar pausadamente y en el mismo tono que las conductoras de Utilísima. Obviar la “ye” porteña suavizándola al estilo Recoleta será considerado un plus.
Y por último, no olvides la terminología básica que no puede faltar en tu conversación:
- fortalezas
- debilidades
- candidato/a
- proactivo/a
- feedback
- start-up
- motivación
- organizacional
Sé una mujer triunfadora, únete al ejército de consultoras de RRHH ya!!!

Juana forever

Una de piñas

Al grito de "¿dónde está mi elefanteeeeeeeeeeee?", el bueno de Kham viaja a las piñas de Tailandia a Sidney para enfrentar a unos mafiosos malíiiisimos liderados por la versión oriental de Bibi Andersen. Y esta secuencia es imperdible!