sábado, 19 de septiembre de 2009

Palabras mayores

Esto pasó en el año 1987. Tenía siete años y mi hermana Marina catorce. Compartíamos la pieza: Marina dormía en la cama de arriba y yo en la de abajo, que había que sacar cada noche. Muchas tardes, cuando ella estaba en clase de gimnasia o de piano, yo le revolvía los cajones, me probaba su ropa, los zapatos, jugaba con las carteras. Le desordenaba las TV Guía que guardaba acomodadas por fecha, y escuchaba una y otra vez sus cassettes de Soda Stereo y Abuelos de la Nada. Pero había algo que me obsesionaba más que ninguna otra cosa: el diario íntimo. Marina tenía más de uno. El primero que encontré era un enorme libro blanco, de tapas acolchadas, que venía en un estuche de cartón decorado con ángeles y doncellas. Los bordes de las hojas, gruesas y resistentes, estaban laminados en papel dorado. Parecía un libro sagrado. Se ve que a ella este diario no le gustaba, porque era poco lo que había escrito y de muy escaso interés para lectoras furtivas como yo. Pero había otro. Más chico, de plástico, y con hojas finitas y coloridas. Más bien parecía una agenda. Se cerraba con un broche que sólo podía ser abierto por una pequeña llave. Pasé días enteros buscándola, pero no aparecía por ninguna parte. Yo todavía no tenía diario propio, así que no era fácil conseguir una parecida. Intenté abrirlo con un escarbadientes, con la tapa de una bic, con un tenedor, pero nada daba resultado, y muchas veces, mientras luchaba con esa especie de candado, escuchaba los pasos de mi vieja subiendo la escalera, o la voz de mi hermana que llegaba a casa, y tenía que poner todo en su lugar a las corridas. Un día encontré un alambrecito, no me acuerdo dónde, en la cocina, tal vez en el garage entre las cajas de mi viejo, pero la cosa es que subí a la pieza y me dediqué a la tarea con toda la concentración de la que era capaz. Metí la punta del alambre en el agujero del broche, empujé para un lado, para el otro. Hice mucha fuerza, después no tanta, al rato un poco menos. Lo que quería era entender cómo se abría. No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero en un momento, sin darme cuenta, el broche se abrió. Las páginas del diario se desplegaron ante mis ojos y yo empecé a leer por partes, al azar, cada tarde un pedazo distinto, abriendo en cualquier hoja, hasta que escuchaba pasos y dejaba todo en su lugar. La primera vez que tuve que cerrarlo me dio miedo, pensaba que nunca más lo iba a poder abrir. Por suerte no fue así. Cada tarde, gracias a mi alambrecito, disfrutaba de una nueva historia prohibida. Mi hermana escribía a menudo sus sueños, y en uno de ellos decía haber hecho el amor con Maradona. Describía un encuentro con todo tipo de detalles. Yo no entendía nada de lo que ella había escrito, pero era evidente que pasaban cosas intensas y apasionadas. Las historias seguían: en otros sueños aparecían más jugadores de fútbol, ahora no me acuerdo los nombres, pero todos famosos de la época. Como si dijera un Bochini, pero no, eran de los lindos. Pensé en contárselo a mis amigas, sobre todo para discutir entre todas las escenas que Marina describía. Estuve a punto de hacerlo varias veces. Le comenté a Marisol, mi mejor amiga, pero sin dar demasiada información. No trascendió. Me daba culpa. Al fin de cuentas, Marina era mi hermana mayor. Y pensándolo bien fue una buena decisión, porque unos pocos años más tarde ella misma me explicó unas cuantas cosas parecidas a las del diario, pero que ahora ya no pasaban únicamente en los sueños.

5 comentarios:

taparoja dijo...

no tengo hermanas mujeres. y todavía no sé si eso es malo o bueno. ja!
beso.

mario skan dijo...

según testimonios de mujeres el bocha era un crack también in the bed, óbice: su calva.
maldición eterna a quién lea estas páginas...

Analía dijo...

Me toca hacer causa común con Marina: mi hermana tiene 7 años menos que yo, me recontra leyó el diario y desachavó el pibe que me gustaba delante de mis amigas.
(era un chico prohibido, porque tenía novia).-

emmaysushermanas dijo...

Taparoja: a mí me ayudó tener hermana mujer, no sé qué habría espiado si mi hermano mayor hubiese sido un varón...

Mario: no sabía lo del bocha. Será por la calva, porque lo que se dice atractivo el muchacho no era... pero la vida te da sorpresas!

Analía: muy feo lo de su hermana, poco código!!! Yo jamás deschavé los romances de mi hermana con los respectivos planteles locales e internacionales...
Beso a todos!

Melisma Mixolidio dijo...

que buena historia, me trasladó a otra època, y me dejo mas que intrigado: qu7e bueno es saber de la vida interior de las chicas!!!