sábado, 7 de noviembre de 2009

no es tan extraño

filmar una película en la entrada de un telo, con un actor travestido, un escritor disfrazado de recepcionista, una maceta enfundada en animal print, dos chinos y un peruano mirando en la puerta, un asistente de producción facho, un sonidista estresado y un equipo con mayoría de mujeres y latinoamericanos.
lo maravilloso
es ver pasar por el estacionamiento
a una pareja
de sesenta
y tantos
un miércoles
a las 4 de la tarde
él de impecable traje
y ella
con un enorme
ramo de flores
en la mano

jueves, 15 de octubre de 2009

teoría de la dispersión

Hay gente que sobresale. A mí me gusta dar órdenes. Pero siempre hay alguien arriba mío. Esos son los que se destacan. No sé si no puedo asomar la cabeza porque tengo a otra persona encima, porque no me la creo, o simplemente porque no tengo con qué. Debería verlo con mi analista. Podría retomar, con esta excusa. Flor de tema para volver a empezar.
Que no frene en la parada. Que no pierda la onda verde. Que no doble en Pueyrredón. Quiero seguir de largo.
Dejé terapia porque me faltaba el tiempo y el dinero. Mi analista piensa que es una resistencia que no puedo asumir. Pero nunca llegó a decírmelo, porque le dejé un mensaje en el contestador avisando que desaparecía por tiempo indeterminado. Me imagino la cara que puso cuando lo escuchó. Me acuerdo que hace unos años, cuando trabajaba para unas psicoanalistas judías super progre de barrio norte, daban un curso que se llamaba “tiempo y dinero en la cura psicoanalítica.” Hacían un curso para analizar eso. La causa inconsciente que yace bajo la negativa.
Nada de soledad. Nada de problemas de amor. La educación sentimental a destiempo no tiene sentido.
Pero así y todo.
Escucho la canción más triste y hermosa que tengo a mano.
Those who are dead are not dead
They're just living in my head
And since I fell for that spell
I am living there as well
Time is so short and I'm sure
There must be something more

Aunque para mí, decía there must be something wrong.
Una letra cambia todo.
¿Hay algo más o hay algo mal?

sábado, 19 de septiembre de 2009

Palabras mayores

Esto pasó en el año 1987. Tenía siete años y mi hermana Marina catorce. Compartíamos la pieza: Marina dormía en la cama de arriba y yo en la de abajo, que había que sacar cada noche. Muchas tardes, cuando ella estaba en clase de gimnasia o de piano, yo le revolvía los cajones, me probaba su ropa, los zapatos, jugaba con las carteras. Le desordenaba las TV Guía que guardaba acomodadas por fecha, y escuchaba una y otra vez sus cassettes de Soda Stereo y Abuelos de la Nada. Pero había algo que me obsesionaba más que ninguna otra cosa: el diario íntimo. Marina tenía más de uno. El primero que encontré era un enorme libro blanco, de tapas acolchadas, que venía en un estuche de cartón decorado con ángeles y doncellas. Los bordes de las hojas, gruesas y resistentes, estaban laminados en papel dorado. Parecía un libro sagrado. Se ve que a ella este diario no le gustaba, porque era poco lo que había escrito y de muy escaso interés para lectoras furtivas como yo. Pero había otro. Más chico, de plástico, y con hojas finitas y coloridas. Más bien parecía una agenda. Se cerraba con un broche que sólo podía ser abierto por una pequeña llave. Pasé días enteros buscándola, pero no aparecía por ninguna parte. Yo todavía no tenía diario propio, así que no era fácil conseguir una parecida. Intenté abrirlo con un escarbadientes, con la tapa de una bic, con un tenedor, pero nada daba resultado, y muchas veces, mientras luchaba con esa especie de candado, escuchaba los pasos de mi vieja subiendo la escalera, o la voz de mi hermana que llegaba a casa, y tenía que poner todo en su lugar a las corridas. Un día encontré un alambrecito, no me acuerdo dónde, en la cocina, tal vez en el garage entre las cajas de mi viejo, pero la cosa es que subí a la pieza y me dediqué a la tarea con toda la concentración de la que era capaz. Metí la punta del alambre en el agujero del broche, empujé para un lado, para el otro. Hice mucha fuerza, después no tanta, al rato un poco menos. Lo que quería era entender cómo se abría. No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero en un momento, sin darme cuenta, el broche se abrió. Las páginas del diario se desplegaron ante mis ojos y yo empecé a leer por partes, al azar, cada tarde un pedazo distinto, abriendo en cualquier hoja, hasta que escuchaba pasos y dejaba todo en su lugar. La primera vez que tuve que cerrarlo me dio miedo, pensaba que nunca más lo iba a poder abrir. Por suerte no fue así. Cada tarde, gracias a mi alambrecito, disfrutaba de una nueva historia prohibida. Mi hermana escribía a menudo sus sueños, y en uno de ellos decía haber hecho el amor con Maradona. Describía un encuentro con todo tipo de detalles. Yo no entendía nada de lo que ella había escrito, pero era evidente que pasaban cosas intensas y apasionadas. Las historias seguían: en otros sueños aparecían más jugadores de fútbol, ahora no me acuerdo los nombres, pero todos famosos de la época. Como si dijera un Bochini, pero no, eran de los lindos. Pensé en contárselo a mis amigas, sobre todo para discutir entre todas las escenas que Marina describía. Estuve a punto de hacerlo varias veces. Le comenté a Marisol, mi mejor amiga, pero sin dar demasiada información. No trascendió. Me daba culpa. Al fin de cuentas, Marina era mi hermana mayor. Y pensándolo bien fue una buena decisión, porque unos pocos años más tarde ella misma me explicó unas cuantas cosas parecidas a las del diario, pero que ahora ya no pasaban únicamente en los sueños.

sábado, 12 de septiembre de 2009

es difícil de explicar

pero es así: el cajero de mi supermercado chino, es la versión oriental de Alain Delon.

martes, 25 de agosto de 2009

tu nombre en un grano de arroz

ella salió pensando
que solo se trataba
de hacer sociales
pero le ganó el ritmo
y pisó la pista
atrevete-te-te
de la mano de un falso
ricardo arjona
una señora bien explicó
que no podía escuchar
ninguna canción
que tuviera platillos
después ya tarde
sin campera y sin saquito
ella
habló con un morocho
muy alto y muy largo
que quiso saber
el significado de su nombre
no supo qué decirle
aunque le hubiese gustado
aclarar
que era de origen latino
amigota de afrodita
todo mal con apolo
prima lejana de artemisa
igual no hizo falta
el morocho y ella reían
y si era por hacer sociales
la noche ya estaba
encendida.

lunes, 24 de agosto de 2009

repeat repeat repeat repeat

escuchar y cantar
y cantar y escuchar
y cantar
alto más alto
todo el día escuchando
esta canción