sábado, 25 de abril de 2009

Una noche de suerte

Mientras cruzaba la entrada, pensó que el traje ya le quedaba chico. La camisa demasiado ajustada, parezco un puto, pensó. La había comprado en Los Angeles hacía apenas un par de meses, pero seguramente tanto gimnasio lo había puesto demasiado fuerte. Pagó la entrada con un billete de cien y empezó a caminar mirando entre las mesas. Las mujeres lo miraban con ganas, había unas cuantas que estaban buenas. Incluso muy buenas. Se sorprendió porque se había imaginado que en el casino de Tigre solo había viejas gordas de San Isidro. Pero no. Las chicas le miraban el pelo, las manos, la cola, ese pantalón se Armani sí que había sido una buena compra.
El iphone empezó a vibrarle en el bolsillo del pantalón cuando se sentó en la mesa de blackjack. Estaba solo y del otro lado de la mesa había una mujer de traje y moñito rojo. Qué grasada, pensó. Pidió una carta y después otra. Parecía que iba a tener una buena noche. Jugó un buen rato y acumuló tantas fichas que a la mina de moñito se le salían los ojos. Miró su Rolex, ya eran casi las diez. Juntó lo que tenía y se fue con eso a la ruleta. No dudó un instante: apostó un pleno al 3. Colorado el 3. Colorado el 12. Colorado el 23. Uno tras otros fueron saliendo sus números. La gente alrededor empezó a rodear la mesa para verlo, mientras gritaban y aplaudían. Se quedaron ahí hasta verlo ganar el millón.
Un tipo de traje berreta se le acercó, le pidió que lo acompañase y le agarró sus fichas. Él accedió mientras se acomodaba el saco y se pasaba las manos por los zapatos, gracias al tumulto ese ahora había quedado todo desprolijo. Fue hasta la oficina caminando tranquilo. Ahí lo esperaban los jerarcas con cara de culo, quién les iba a decir que esa noche los iban a dejar con un palo menos. Cuando empezaron a contar las fichas, él les revoleó su tarjeta y salió de la oficina sin decir una palabra.
Atravesó el salón hacia la calle mientras sentía las miradas de las chicas lindas, y ahora también de unas cuantas maduritas calentonas. Llegó a la salida. Las luces del parque de diversiones de al lado hacían que el estacionamiento pareciera un decorado navideño. Se subió al Audi y prendió la calefacción. No se cansaba de mirar el cuero color beige de los asientos, era impecable. Arrancó despacio y encaró para la Panamericana. El A4 aceleraba enseguida, en pocos minutos iba a 140 y ya se divisaba la General Paz.
Paró el auto justo en la puerta del edificio. Ayacucho 2188, casi esquina Libertador. Había justo un espacio. No se podía estacionar ahí. Apagó el motor. Chequeó que las puertas estuvieran bien trabadas. El iphone empezó a vibrar de nuevo. Sacó del bolsillo del saco el frasquito y se fue tragando las pastillas de a una, sin agua. Apretó un botón del tablero y el asiento de cuero beige se reclinó por completo. Impecable.

10 comentarios:

Ojaral dijo...

Este sí que salió lindo. El goce de los objetos, su brillo nacarado, el juego de las marcas y el color del dinero me recuerdan al Fogwill de La experiencia sensible. Muy bien 10 felicitado!!!

Analía dijo...

Totalmente de acuerdo con Ojaral. Necesitábamos un suicidio con glamour!

emmaysushermanas dijo...

Cómo te suicidaste, gordo, divino, divino!
Gracias x los cumplidos.
Tengo que leer a Fogwill, Ojaral! Nunca leí nada. Qué me recomienda el erudito de la clase para empezar?

Ojaral dijo...

Los cuentos. Cualquiera de ellos pero en especial "Ejércitos imaginarios" o "Restos diurnos". Una maravilla todo lo de él, igual. Y "La buena nueva", que es mi novela preferida aunque Fogwill la deteste.
Saludos!

+ Feliz dijo...

saludos emma

emmaysushermanas dijo...

saludos masfe!

tanto amor empalaga dijo...

me gustó mucho!
compré el personaje!
see you tomorrow!

emmaysushermanas dijo...

gracias taparoja!!
qué bueno que venís mañana, el otro día me pareció que no te ibamos a ver...
a domani!
beso

LOR! dijo...

genial muerte perfilada!
Bsos
L

emmaysushermanas dijo...

Gracias Lor!
Besote