miércoles, 11 de marzo de 2009

Paisaje con gente

Aceleré un poco porque el de atrás empezó a tocar bocina, me hizo dar cuenta que estaba demasiado abstraída pensando cosas sin sentido y al mismo tiempo observando ese barrio que me resultaba familiar pero que sin embargo nunca había visto. En la esquina me tiré a la derecha y lo dejé pasar, quería seguir manejando tranquila. La calle estaba desierta, no había una sola persona, y después de aquel auto no volví a ver ningún otro. Seguí así durante un rato largo, dando vueltas sin rumbo fijo. Yo sentía que había estado ahí antes, pero era imposible recordar cuándo. ¿En qué barrio estaba? No tenía a quién preguntarle nada.
De pronto la calle se abrió y me encontré avanzando hacia una avenida enorme en la que se juntaban varias esquinas. Tuve que frenar de golpe y bajar del auto. Empecé a gritar sola. La calle estaba repleta de cadáveres, o al menos eso parecían, aunque también podían ser heridos graves, estaban por todas partes, el panorama se había transformado en el de una ciudad devastada. Todos estaban desnudos y esparcidos en el suelo como si alguien los hubiera dispuesto así, en ese orden, en esa ubicación. Empecé a gritar pidiendo ayuda, pero estaba completamente sola. Me tiré al piso intentando ayudar a los que daban la impresión de estar vivos, pero ni siquiera sabía por dónde empezar. Estaba desesperada.
La vi aparecer casi sin darme cuenta. Era extraño, porque habíamos pasado años sin vernos ni hablarnos. Y sin embargo en aquel momento lo único que podía pensar era que estaba agradecida de ver aquel rostro familiar y alguna vez tan querido. Le pedí ayuda, nada de lo que había sucedido entre nosotras importaba ahora; le grité, mis alaridos resonaron en esa calle abandonada, y ella solo me dijo: “no te preocupes, no hay nada que puedas hacer”. Y se fue.

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